MARES BLANCOS Para Hernán Cruz Somavía
El trabajo de Hernán, su pulso nómada y la detención ante el vacío, torna cada rastro en un elogio a la inmensidad; dejando entrever cómo el sedimento, el trazo y la geografía del silencio se toman de la mano. Capas y capas de materia, tierras de origen y pigmentos se han ido estratificando y aglomerando hasta volverse un lenguaje de impronta continental, una reconstrucción del Altiplano en el interior del museo.
Recibimos sus vestigios, que es recibir también a las distancias que los motivaron, más no su lejanía; ese campo queda abierto, y por tanto, posible de ser habitado. El montaje de esta muestra corresponde a la dimensión en común entre los salares de Uyuni, Coipasa, El Laco y Surire: la horizontalidad absoluta. Exponer el recorrido en una mesa-horizonte es buscar hacer presente el paso del tiempo y la huella, para que la muestra conforme un corpus; es decir, la bitácora física de una pasión sostenida.
¿Cuál es la forma del montaje? Aquella que permite la simultaneidad entre el fragmento y la extensión, entre la densidad de la tierra y la transparencia del aire. La forma de la continuidad en virtud del rastro.