UN OTRO FUEGO        Textos Curatotiales
Jean Petitpas es un descubridor de espacios desde las escalas más pequeñas hasta las mayores: el Universo. Aquí nos descubre un espacio desconocido en este país: los subsuelos de la ciudad; la cripta de un hito, la basílica de los Sacramentinos como su modelo, otro hito: le Sacré-Coeur  en Montmartre, Paris.
Partiendo de la pequeña escala de estas esculturas: un Petitpas las encierra en un gran problema comparable con el tamaño vasto de esta cripta.
Aquí abajo si pensamos en la altura de este templo, nuestro ser se siente aligerado sin los cientos de toneladas erigidas sobre nuestros hombros. Jean Cristophe se hace cargo de mostrarnos este extraño fenómeno místico. Ya que estamos bajo el piso del templo, estamos al interior de su base por tanto las esculturas tienen su base. No requieren mostrarla: bajo ellas se restituye el espacio, podemos pasar la mano. Ellas están suspendidas del cielo; cosa bien dicha pues el templo simbólicamente: está en el cielo porque a él se dirige.
De tal modo estas esculturas mostrando su levedad nos sugieren nuestros artificios aéreos suspendidos en el aire sin mostrar como cuelgan del cielo sabiendo las travesuras del aire quien se deja extraer la energía cortándolo con velocidad. En esta exposición la velocidad está contenida en el interior de ciertas esculturas. Están en tensión.
Jean Petitpas nos maravilla con este concierto aquí desplegado colocándonos no "venciendo" la Gravedad sino invirtiéndola: el otro lado del piso del gran templo es el cielo de la cripta, sin olvidar esta extraña construcción la cual soportando el enorme tonelaje no da cuenta de ello. (un secreto: fue construida antes de las normas asísmicas actuales).
Hablando de la aceleración de gravedad recuerdo cuando Santiago no tenía torres, entonces aparecía este hito desde lejos, visitándolo subía la torre de más al Norte en construcción. Quise medir la gravedad. Abajo se veía la calle Arturo Prat angostísima. pensaba si caería dentro. Balanceándome de una cañería del andamiaje súbitamente mi cuerpo sintió que aflojaba la mano. Era igual a estar cayendo. Me pegué al tubo y sentía que los brazos se aflojaban. No tengo la cuenta cuanto duró. Desde ese día no he perdido el vértigo. sigo volando venciendo el vértigo. Jean Petitpas me ha mostrado el lado contrario bajo el nivel de la calle. Puedo imaginar la gravedad invertida. Es esto su propósito.
Miguel Eyquem
Este acto de Jean Petitpas en la cripta de la iglesia de los Sacramentinos, nos ofrece la experiencia de percibir lo sutilmente manifiesto en un instante.
Flotando en el vacío de la cripta, los nudos y ejes de madera y bronce, ofrecen al ojo y a los sentidos más íntimos del alma, un trazo de invisible.
Ese haz de luz sutil que se posa en la materia, sigue su camino y apenas nos roza sin ninguna dispersión, y en él se palpa – no una expresión retórica o simbólica, sino más bien– la realidad que ahí se conjuga, como un relámpago que danza en ese espacio.
Suspendidas en la oscuridad, las piezas de madera y bronce hacen sutil la materia, la anulan como presencia física, la hacen etérea. Anulan la conciencia de nuestra limitación en el espacio y disuelven el sentimiento de existencia en la secuencia temporal, condiciones éstas que instauran otra dimensión a la experiencia.
Petitpas abre la escena a la siempre esquiva y a la vez posible reunión espacio- tiempo. El escultor las llama también “esculturas láricas”, que dan un lugar al origen y un momento al encuentro cotidiano; Cada vez.
Esa capacidad de entregarnos un mundo aumentado, más amplio y completo, revela la transfiguración de esa sustancia en algo que ya no es forma, sino acto continuo, donde quedamos inmersos en la intimidad de la cripta.
Y entonces, surge en el interior un ánimo parecido a la devoción.
Ana María Yaconi
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