PARADOR
La ubicación de esta pieza en los pies de los Andes establece un punto de mediación entre la escala geológica de la montaña y la extensión de la cuenca de Santiago. La estructura funciona como una plataforma de contacto que utiliza la pendiente para organizar la percepción del valle, transformando el ascenso en una experiencia de pausa y observación.
El parador se constituye a través de una serie de planos que enmarcan el horizonte. Esta disposición de elementos permite que el cuerpo reconozca su propia medida frente a la magnitud del paisaje urbano y natural. La unión de los materiales —el metal y la piedra— responde a una lógica de apoyos y encuentros precisos, donde cada pieza contribuye a la estabilidad del conjunto sin imponerse sobre el entorno.
La arquitectura opera aquí como un umbral abierto. El aire y la luz de la precordillera atraviesan la estructura, permitiendo que el espacio se habite de manera gradual. Es un dispositivo diseñado para la detención, donde la secuencia de vistas conduce la mirada hacia puntos específicos del valle. Se trata de un punto de apoyo en la ladera; una estructura que utiliza la solidez y la transparencia para ofrecer un lugar donde sostenerse frente a la apertura del abismo.
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